Martínez Somolinos, Alejandro


ALEJANDRO MARTÍNEZ SOMOLINOS

Ayudante en la parroquia de San Nicolás de Guadalajara
Era natural de Guadalajara y nació el día 26 de Noviembre de 1911. Era hijo de Hermenegildo Martínez y Jorja Somolinos, una Alejandro Martínezfamilia trabajadora, poseedora de su propio negocio familiar, consistente en una fabrica de jabón, y de profundas raíces religiosas. Era el tercer hijo del matrimonio, aunque desde el momento de nacer se convirtió en el hijo mayor, ya que los que le precedieron murieron a los pocos años de vida.

Después de Alejandro, el matrimonio tuvo siete hijos más: Florentino, Ángel, Narciso, Tomás, Gregorio, Felicidad y Matilde. Actualmente viven tres hermanos: Tomás, Felicidad y Matilde. De siempre tuvo inclinación al estudio y a la lectura, y destacó por su buen comportamiento y aprovechamiento en los centros donde estudió, participando activamente en asociaciones de carácter religioso. Cursó estudios de bachillerato en el Instituto General y Técnico de Guadalajara, obteniendo el título el Junio de 1927; posteriormente hizo estudios de Magisterio. En 1930 acudió con su hermano Tomás a Toledo para que éste realizara una prueba con el fin de ser admitido como cantor en la Catedral. Esta visita a Toledo hizo recapacitar a Alejandro sobre su aspiración de ser sacerdote, decisión en la que influyeron los hermanos Cascajero, D. Eulogio y D. Julio María, y tras plantear a sus padres su intención, a la cual accedieron con inmenso gozo, ingresó en el Seminario de Toledo en el curso 1930-31.

Recibió la ordenación sacerdotal, en Madrid el 5 de Junio de 1936, por el Obispo de Madrid, con dimisorias concedidas por el Arzobispo de Toledo, y cantó su primera Misa Solemne el 14 de Junio. Mientras esperaba su destino pastoral, ayuda en la parroquia de San Nicolás de Guadalajara. Vivía en Guadalajara con su madre, viuda desde el 20 de Enero de 1936, y sus siete hermanos. Para ayudar a la economía familiar, echaba una mano en el negocio familiar.

El día 14 de Agosto de 1936, mientras que Alejandro y Ángel estaban trabajando en la fabricación de jabón, llegaron los milicianos allí y los apresaron, siendo llevados, posteriormente, al centro de la C.N.T., donde los juzgaron. De nada sirvió acudir al socorro de Marcelino Martín, amigo de la familia y dirigente marxista. Aquella misma tarde, los milicianos salieron de la C.N.T. de Guadalajara a las inmediaciones de la carretera de Cabanillas del Campo, y tras el paso a nivel, los dos hermanos fueron fusilados por confesar su fe.

Sus cuerpos fueron recogidos e inhumados, el día 15, en el Cementerio Municipal de Guadalajara, pues D. Claudio Laria, que trabajaba en la Funeraria La Fe, reconoció los cadáveres y se lo comunicó a D. José Pajares, dueño de la droguería donde Ángel trabajaba, quien ordenó recoger los cuerpos en ataúdes para su enterramiento, corriendo él mismo con los gastos. La muerte de Alejandro está inscrita en el Registro Civil de Guadalajara, el 18 de Agosto de 1936, donde consta que fue asesinado por las milicias rojas y falleció a consecuencia de herida por arma de fuego. Una vez acabada la Guerra Civil, en agosto del 1939, fueron exhumados sus restos y enterrados, junto con su padre, en una sepultura familiar en dicho cementerio, donde se hallan actualmente. En esta ciudad, entre familiares, amigos y vecinos, sigue muy vivo su recuerdo y su fama de mártir de Cristo, por lo que piden su canonización.