Gismera Cortezón, Lorenzo


LORENZO GISMERA CORTEZÓN

Párroco de Jirueque y de Cendejas de Padrastro
Era natural de Hiendelaencina, provincia de Guadalajara, y nació el 5 de Septiembre de 1883. Era hijo de Juan Gismera y de Natalia Cortezón. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Sigüenza, con gran aprovechamiento. El 9 de Mayo de 1910 fue ordenado subdiácono; el 17 de Diciembre, en las témporas de Santo Tomás, recibió el diaconado; y, el 1 de Abril de 1911, la Ordenación Sacerdotal.

Cuando comienza la Guerra Civil, ejercía su ministerio sacerdotal como párroco de Jirueque y de Cendejas de Padrastro, ambas en la provincia de Guadalajara. Fue la primera víctima en este Arciprestazgo de Jadraque. Vivió los primeros días de la Guerra Civil con relativa tranquilidad en su casa, pero ante las continuas instancias de algunos amigos, accedió a ausentarse algunos días al campo. Debido a ello, enfermó gravemente, hasta el extremo de tener que estar postrado en cama, por lo que decidió volver a su casa de Jirueque. El día 10 de Agosto de 1936, se presentaron varios milicianos armados en casa parroquial, acompañados de algunos feligreses de la parroquia aneja, aunque cuando le vieron en aquel estado aparentaron tenerle compasión. Sin embargo, no fue pequeño el botín que se llevaron.

Ya salían los milicianos del pueblo en una camioneta, cuando uno de los vecinos les preguntó que a qué habían venido, ya que se iban sin el cura. Esto hirió el orgullo de los milicianos que decidieron consumar su crimen. Así pues, sin tener en cuenta el estado de gravedad del enfermo, le obligaron a levantarse e insistieron que por orden del comandante debía declarar en Guadalajara, prohibiendo a su hermana que le acompañase. El viaje no finalizó en Guadalajara, sino que a dos kilómetros de Jadraque, en su término municipal, era fusilado en la carretera hacia Bujalaro, el mismo día 10 de Agosto de 1936. Tanto en el pueblo, donde ocurrieron estos lamentables sucesos, como en toda la comarca circundante, su fama de martirio es manifiesta, y por ello, el pueblo cristiano pide su canonización.