Cascajero Sánchez, Julio María


JULIO MARÍA CASCAJERO SÁNCHEZZ

Párroco de Santa María en Guadalajara
Era natural de Chiloeches, provincia de Guadalajara, y nació el 12 de Agosto de 1901. Fue bautizado en la parroquia de Santa Eulalia de Mérida de Chiloeches el día 28 de Agosto de 1901. Era hijo de Wenceslao Cascajero y Eusebia Sánchez. Se sabe que tenía una hermana, Julia, nacida en 1896, y, un hermano, Eulogio, nacido en 1885, sacerdote y capellán de las Carmelitas de San José de Guadalajara. D. Julio María estudió en el Seminario de Toledo, y, fue ordenado sacerdote, en esta ciudad, el día 14 de Junio de 1924, por el Dr. Balanza, Obispo Auxiliar de Toledo, celebrando su primera Misa Solemne en Chiloeches. Se doctoró en Teología por la Universidad de San Ildefonso de Toledo el 5 de Julio de 1926. Fue párroco, por poco tiempo, de Los Yébenes, provincia de Toledo, pues, muy pronto, fue trasladado a la parroquia de Santa María en Guadalajara, donde se hallaba cuando estalló la Guerra Civil.

El día 21 de Julio de 1936, la guarnición militar de Guadalajara se sumó al levantamiento nacional, pero la sublevación fue reprimida al día siguiente por un gran contingente de fuerzas militares y milicias populares, que se adueñaron de Guadalajara. Cuando el día 22 comienzan los disturbios en la capital, D. Julio María y su hermano D. Eulogio, se refugian en el Hotel Iberia porque las dueñas eran conocidas y buenas cristianas, donde se encuentran con otros dos sacerdotes, D. Francisco Mariño Ortega y D. Feliciano Sánchez Pérez. Poco les duró el refugio, porque el 23 de Julio el hotel fue incautado por los milicianos, lo requisaron y lo ocuparon, de modo que los cuatro sacerdotes, con la hermana y sobrina de D. Francisco, tuvieron que refugiarse en la casa rectoral de la parroquia de Santiago.

Al día siguiente fueron las milicias de la F.A.I. a la iglesia para hacer un registro. Al pedirles la documentación, ninguno negó su condición de sacerdote. Tras un registro minucioso del despacho, la sacristía y la Iglesia, quisieron llevárselos detenidos, pero al parecer, por insinuación de los Guardias de Asalto, también presentes, fueron disuadidos de ello, no obstante fueron advertidos de que no se movieran de allí. Pasaron varios días sin novedad. Los sacerdotes celebraban la Santa Misa cada día, rezaban el rosario y meditaban sobre la muerte. Varias personas los visitaron, aconsejándoles que huyeran. Siempre se negaron, aceptando la muerte, si Dios les destinaba al martirio.

El Domingo, 9 de agosto de 1936, celebraron la Santa Misa por la mañana. Por la tarde, mientras rezaban el Oficio Divino sobre el martirio de San Lorenzo, seis milicianos se personaron, llevándose a D. Francisco. Aquel mismo día, D. Julio María y D. Eulogio decidieron abandonar la casa parroquial de Santiago y se refugiaron en un domicilio particular, donde permanecieron hasta el día 5 de Septiembre, en que, notificado el Gobernador de la presencia de los dos sacerdotes en aquel domicilio, fueron trasladados a la Cárcel Provincial de Guadalajara en un coche policial. El día 6 de Diciembre de 1936, por la tarde, la aviación nacional bombardeaba Guadalajara. Los milicianos, enfurecidos por este hecho, asaltaron la cárcel y fusilaron a todos los detenidos, comenzando por los sacerdotes. Su muerte fue inscrita por manifestación personal de su hermana Julia, en Guadalajara el día 19 de Abril de 1939, donde consta que falleció por heridas de armas de fuego causadas por las milicias rojas. Los cadáveres de los asesinados fueron inhumados en el cementerio de la capital, pero después de la Guerra Civil, los dos hermanos, fueron reconocidos y los enterraron en la iglesia parroquial de Chiloeches, su pueblo natal, bajo una lápida que dice: “Admirable fraternidad la de estos sacerdotes de Jesucristo; uno fue su espíritu, y una su fe, ni aún en el instante de su muerte cruel se logra separarlos, derramando inocentemente su sangre, siguieron a Dios, Nuestro Señor”.

En la capital de Guadalajara, sigue muy vivo el recuerdo de este trágica ejecución, y, por ello, el pueblo cristiano alcarreño, considerando mártires a todos los que fueron inmolados en estas circunstancias, pide su canonización.